Esto debería titularse: “¿Qué onda ser un cagón?” digo debería porque no sé si es el título apropiado para hablar de algo que toco de oído, algo que veo en los demás desde un cómodo sillón, desde el cual sentencio quién es un cagón y quién no.
La actitud cagona está en todos, todo el tiempo. Ayer me escuché diciendo “no le tengo miedo a nada”. ¿Qué onda? ¿¡Por qué miento tanto!? El miedo, que groso, parecería que está instalado en distintos niveles. Un ¼, ½ o un kilo de miedo por favor.
Creo que no hay nadie suficientemente temerario, no hay persona que no haya experimentado el miedo, algunos son soldados y enfrentan la muerte como sí nada, o médicos y tienen la responsabilidad de “sanar” pero se mueren del miedo si tienen que hablar en público, paradójico.
Morirse de miedo, que buena frase. Difícil que alguien se haya “muerto” literal de miedo. Pero da miedo de solo pensarlo. Uhhh…
Existen miles de técnicas para vencer esos miedos (en la literatura encontramos muchas respuestas a ello, personajes que realizan actos heroicos), existen miles de sentimientos que lo contienen, a ese miedo que se manifiesta como la verdad que subyace en la vergüenza, en la mentira, en la ignorancia, en la soberbia, por nombrar algunos. Es como la mugre, esta en todos lados.
¿Qué hacemos? Qué se yo. Creo que como primera opción podría/mos dejar de criticar los miedos ajenos y pensar que es lo que a cada uno nos da pavor, nos da literalmente gases, nos pone rojos, azueles.
Para mayor ilustración, copio un link que muestra algunas imágenes:
Se aceptan sugerencias, hay pañales de regalo para las mejores respuestas.

1 comentario:
En principio, pueden ser ciertas sus afirmaciones, hermosa Tatiana. Pero no voy a temer en agregar otras y criticar algunas que he inferido de la lectura del post. Digo que pueden ser ciertas, porque en principio vivimos en la incertidumbre, y esta última muchas veces es generadora de un virus de miedo que es masivo. Un ejemplo de ello, es el miedo a enamorarse, el miedo del que se entera que las mujeres no tienen dueño, el miedo a exponer nuestro “corazón coraza”. Creo entender humildemente, como bien decía Unamuno, que nacemos con miedo y una tristeza que se basa en el complejo hecho de ser mortales, de nuestra vida efímera que condiciona e irradia esa condición a nuestras conductas y forma de pensar. Y que uno de los acontecimientos que nos hace olvidar nuestra mortalidad es el enamoramiento, la música, el conocimiento, la juventud… Dicho esto combinando la incertidumbre con lo efímero, se sucede el miedo. Al no saber del otro, al no poder afirmar a ciencia cierta un querer ajeno y sumarle a ello que tenemos poco tiempo, a veces en esta encrucijada nos morimos de miedo. Y sí, Tatiana, morimos de miedo, muchas personas han muerto de miedo, porque una parte nuestra muere con ese amor negado. Es casi obvio, que de ello no hay información benigna, ya que no figura en ningún registro civil, ni siquiera existen actas de defunción amorosas.
Ciertamente “el miedo es mugre”, pero no podemos negarlo. Actos heroicos? Prefiero los actos de amor, como los de las Madres de Plaza de Mayo.
En cuanto al ¿qué hacemos? Cómo bien dijiste miramos para adentro, detectamos nuestro miedo, hacemos caso del “queda prohibido” y empezamos a vivir.
Querida Tatiana, yo ya sé cuál es mi miedo, y vos?
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